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Las caras tensas de los soldados a las puertas de la batalla. Hombres contra hombres, perros rabiosos contra perros rabiosos. La satisfacción de defender unos ideales y la tristeza, un fondo de pena en las miradas de los combatientes, por ellos mismos y por todos los que van a morir de forma inevitable en las próximas horas.

La mirada inocente del niño uniformado de miliciano creyendo que la guerra es un juego donde sólo ganan los buenos y mueren los malos. La mirada del hombre: orgullosa, varonil, inconsciente. Un juego peligroso, porque no hay orgullo en matar y casi nada digno dentro de una guerra, salvo, quizá, el derecho a defenderse.

Los dos jóvenes riendo enamorados en medio del polvorín. Cómo pensar en otra cosa en estos momentos, cómo no acabar el juego en otra parte. El fusil, el uniforme, los cuerpos entregados al amor se olvidan del mañana, de la violencia y de las miserias del combate.

La Guerra Civil

El júbilo de la guerra en los primeros momentos, cuando acaba de declararse. Las mujeres, diosas ante los hombres, muestran su esplendor y su apoyo moral y físico. Los hombres, rendidos a las mujeres y con un arma en las manos, son inconscientes todavía del riesgo de morir y el de matar.

La cuerda de niños cruzando la calle entre los coches hacia el refugio de unos soportales. El tráfico está detenido y cada uno de los escolares va cogido a la ropa del que tiene delante. Unos ríen, otros tratan de zafarse. Las maestras procuran mantener el orden en este lugar tan peligroso de la gran ciudad y los conductores se muestran inquietos e impacientes. Un cordón de felicidad pasa a lo largo de la calle.

El Sargento Mayor, con traje de gala, ensaya sus pasos estudiados y excesivos para el desfile de tambores. Un grupo de niños le sigue imitando sus movimientos y gestos, con espontaneidad y gozo, divertidos, como si ellos también formaran parte del espectáculo.

Las caras de los niños viendo una representación de San Jorge y el Dragón. Las mil caras de la inocencia: desde la valentía al miedo, desde la euforia a la calma, desde el arrobo a la indiferencia. Se muestra en cada rostro la personalidad de cada uno de ellos y una niña, en primer plano, grita aterrorizada.