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El baño de polvos de colores impregnando el aire de juego y diversión. Los trajes teñidos de índigo y amarillo. La atmósfera asfixiante en la que ríen y bailan hombres, mujeres y niños. Quizá no comprendamos de dónde proceden las tradiciones, pero enseguida conectamos con la alegría de la gente.

La fiesta de las mujeres. Los vestidos de gasas transparentes y los que forman estampados. El blanco de la tela en contraste con las trenzas de cabello negro. Y, como ofrenda, unas guirnaldas de flores a su alrededor. Una fiesta de la belleza en una de las playas más largas del mundo, la de Madrás, con las olas cruzándose, las que descargan contra las que retroceden, formando un río de múltiples corrientes. Es fácil enamorarse de esta enormidad, el encuentro de la belleza de la mujer con la del mar.

La purificación de los hombres en el río Ganges junto a los animales sagrados en un agua que, en vez de limpiar, ensucia los cuerpos. La tierra, el barro, el líquido impregnado de todo lo que arrastra el río. Las tradiciones, los ritos, los dioses, el hombre; cada hombre como centro de un universo hecho a su medida.

La hora de comer de la familia hindú. La mujer está expectante, con un frasco de especias en la mano, atenta a que la comida sea del agrado del señor de la casa y de su hijo. Sumisa, con la necesidad de gustar y complacer. El marido tiene la cara seria, no está satisfecho del todo. La mujer, bellísima, bien vestida y con un adorno en las muñecas, es la reina del amor y la humildad que espera el veredicto del varón para sentirse bien.

La estación de tren colapsada por los viajeros, la suciedad, los animales de compañía, la venta ambulante, los guardias de seguridad, las familias asomadas a las ventanillas de los vagones… El barullo del andén es asfixiante e ingobernable. Las mujeres acarrean niños, bultos, bolsas, temores…

Los trenes hindúes van tan atestados de gente que una de las formas habituales de entrar y salir de ellos es saltando por sus ventanas. La India es un país extenso, con malas carreteras, que tiene como mejor medio de transporte el ferrocarril. Por esa saturación, cuando ocurre un accidente, el número de muertos y heridos es tan elevado. No sabemos si todos sus ocupantes pagan o se van subiendo a los laterales y al techo del tren por el camino.

Las escaleras que se adentran en el río un día normal en el que no hay aglomeraciones. Unas mujeres lavan la ropa y la sacuden contra la piedra, tal vez para secarla. Un niño camina por la orilla con cuidado, sorprendido por los peces o procurando no perder el equilibrio. Cualquier actividad de los hindúes relacionadas con el agua tiene mucho de ritual y purificación. Para ellos, el agua del río es sagrada, como si fueran las de un río bíblico. ¿Dónde están los hombres? Trabajos duros realizados por las mujeres.