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Posts Tagged ‘Poemas’

Una mota de luz

Una mota de luz cruzó una noche por el oeste. La vi pasar lejos.
En ese instante comprendí que la distancia entre el corazón
de una nube y la tierra está marcada por un compás de aire
y un transportador de olvidos.
Supe que la tierra, bajo mis pies, puede hacerse más y más redonda,
más y más pequeña.
Pasó el tren como una luciérnaga entre los árboles de cal y los sepulcros.
En la región infranqueable donde los niños tienen la boca sucia,
las vías de los trenes son de cuerda, las venas son de hierro.
En la región infranqueable hay un paisaje helado de cerezos cada
primavera, cada otoño hay un paisaje de almendras, otro de
retama blanca, hay una farola triste en cada estación triste, y
un túnel, solo un túnel.
A la salida de ese túnel brillan las esquinas lánguidas de las casas.
A la salida de ese túnel, agonizan los meandros.
¿A dónde irán los regatos de la infancia y el poleo?
¿A dónde los silbidos de los trenes sin luz?
¿A dónde la conciencia hollín- de las gorras de plato y la cantina?
¿A dónde irán las agujas de los viejos pajares?
La vi pasar a lo lejos. Una noche cruzó una mota de luz, una
esperanza, por el oeste.

Javier Pérez Walias

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La dulce boca que a gustar convida
Un humor entre perlas distilado,
Y a no invidiar aquel licor sagrado
Que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

Amantes, no toquéis, si queréis vida;
Porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
Cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas que a la Aurora
Diréis que, aljofaradas y olorosas
Se le cayeron del purpúreo seno;

Manzanas son de Tántalo, y no rosas,
Que pronto huyen del que incitan hora
Y sólo del Amor queda el veneno.

Luis de Góngora

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De pequeño había
un chico más alto que yo
que era mi mejor amigo.

Un día escuché decirle a otro
que su mejor amigo estaba de viaje.
Entonces me fui de viaje.

Aunque no he vuelto a verle,
sé que sigue siendo el más alto
porque yo no he crecido.

Después quise mucho a una chica
sólo un poco más bajita, no se notaba casi,
cuando iba con tacones era incómodo abrazarla,
pero entonces me agarraba de la mano.

A veces permitía que la besase un poco,
salvo al día siguiente de no poder quedar
conmigo porque “no le apetecía”,
ese era su argumento.

Pero me enteré de que esas veces se subía
desnuda sobre el cuerpo
de alguien que tenía casa propia
y una buena colección de discos.

Dejé de escuchar música y luego de besarla y luego de salir a la calle.

Ahora llevo meses diseñando una balanza
con tres brazos o más.

Una cinta métrica
que se extienda en todas direcciones.

Fernando Pérez Fernández

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Intemperie

Nadadores pintados en una cueva de Libia,
vergeles antiguos desaparecidos
en medio de lo que hoy es un desierto.

Caminos borrosos hollados por el nómada.
Tiendas desde donde escuchar el viento
bajo el cobijo de las mantas.

Cubos y aristas de los edificios,
salto al vacío de un mundo árido
al que consuelan jardines y fuentes.

Sol en la piel de los membrillos,
saltar las tapias de los huertos,
recuperar el mapa perdido de la niñez.

Los chicos recorren los regatos que bordean el barrio,
descargan las nubes y sería mejor regresar,
pero ellos prefieren mojarse y seguir.

Dedos ateridos, calcetines mojados,
risas y juegos azotando las calles;
vaho con el que fumarse la vida.

La noche se cierne sobre el atardecer
como la juventud se cierne sobre la infancia.

Una casa es algo más que un lugar donde recogerse,
un campo de cultivo, algo más que un paisaje.

El granizo brillante de los copos
cayendo desde el musgo blanco
hasta los carámbanos sobre la corriente.

Barro de las quebradas y las veredas,
bosques cubiertos de brumas,
charcos y olor a tierra mojada.

Canto de un pájaro que estremece el sendero,
cantiles surcados por las rapaces,
cachorros indefensos ante los carnívoros.

Rumor desapacible de la tormenta;
ráfagas que arrastran las velas humedecidas
de una tarde cualquiera en una taberna.

El canalón es un reloj de agua para contar las horas.
Cada gota que cae sobre la ventana
es una espina que se clava en el alma
y nos hace salir a la calle.

Musical sonido del agua,
cauce de un río bucólico,
sagrada sombra de un árbol.

Neblinas que se levantan al amanecer,
campos verdes y humedad ambiente;
es el mar, que echa de menos la tierra.

Aguacero vegetal de la jungla.
Cola luminosa de las ardillas rojas
limpiando el esqueleto de las coníferas.

Hojas que se despiden de nosotros girando en el aire
para caer inertes al suelo de un parque,
bajo los pasos de dos amantes que no se atreven a tocarse.

Viento helado a través de los ojos;
la soledad, el miedo,
la incomunicación entre los resquicios del alma.

Gente que te ametralla con su mirada
y te obliga a refugiarte en un portal.

Hay un intento de imponerlo todo a la fuerza;
personas que son perseguidas, seres que reclaman compasión,
silencios que exigen palabras.

La vida es un rompiente acechado por el temporal.
Calles solitarias y casas vacías,
arrabales y despoblados.

Necesitamos un lugar donde vivir;
la butaca de un cine, por ejemplo,
las páginas de un libro,
un pequeño cuarto confortable
o la compañía de alguien que nos quiera.

José Sánchez Rincón

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Hojas de hierba

Mirad el sol incomparable, sereno y altivo

la mañana violeta y púrpura de leves brisas,

la tierna luz infinita, nacida dulcemente,

el milagro que se expande y lo baña todo, la plenitud del mediodía,

el cercano ocaso delicioso, la bienvenida noche y las estrellas,

brillando todas sobre mis ciudades, envolviendo a los hombres y al país.

 

 

¡Contemplad el amanecer!

La luz tenue, las sombras diáfanas e inmensas,

el sabor del aire es grato a mi paladar.

Fuerzas del mundo en movimiento que se entregan a juegos

inocentes, ascendiendo en silencio, rezumando frescor,

errando oblicuamente hacia arriba y abajo.

 

Walt Whitman

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Summa Vitae

Esta valiosa selección de poemas, recopilatorio de los libros de poesía que el autor escribió a lo largo de su vida, es una obra literaria de primer orden; palabras mayores, nunca mejor dicho, dentro de la lírica española del pasado siglo y principios del actual. José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), poeta, narrador, memorialista…, posee una capacidad verbal, una riqueza léxica y una brillantez de recursos poco comunes. Y esto se advierte enseguida porque el deslumbramiento de las palabras que utiliza en sus versos, a veces, distrae la propia emoción poética.

A pesar de escribir a menudo sobre su experiencia vital, el poeta se distancia de sí mismo como si sintiese pudor de mostrarla de forma explícita.

“Sus ventanas a veces están dando a mi nombre,

porque son todas ellas como labios que acunan,

como manos que cantan bajo el sucinto pétalo del cielo,

aberturas que el mar vuelve sonoras

y en cuyo fondo habitan verdades como pechos,

palabras semejantes a bocas que se juntan

o acaso esa tristeza que hay detrás del amor.”

 

“Mi boca no podría

en su mundo cercado con ecos de preguntas

hablarte, pronunciarte, decirte amor tan sólo,

sin prestarle raíces de dios a mi palabra,

porque tú, no te acabas en presencia,

eres también caricia o apretada ternura…”

Hay en sus poemas una voluntad de excelencia que provoca admiración en el lector. Caballero Bonald nunca baja el nivel y, como en sus memorias, nos ofrece brillos y sombras de la vida, amores, pasiones, luchas de conciencia, posicionamientos, dudas; un magnífico fresco literario que dignifica el idioma español y del que debemos sentirnos orgullosos.

 

José Sánchez Rincón

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De la nostalgia, 7

Ah, los mudos retratos

sin aroma y sin aire,

construidos con el olor exacto que fue siempre el color del pretérito,

agridulce aparición de nombres olvidados,

de fechas ya amarillas,

de una luna más joven,

fotos mentirosas, de celebraciones vacuas,

que no importan.

Nunca hubo fotos de los instantes claves,

del momento justo del amor,

del preciso paisaje de las obsesiones.

No tengo un retrato de mi abuelo mientras tejía el fique

hablándome con una voz anterior a sí mismo,

ni existe foto de las fachadas de una calle que no he vuelto a ver nunca,

que a veces creo que solamente la he soñado.

Ah, los retratos,

construidos con materia de otro tiempo,

documentos de un olvido distinto y más certero.

 

Darío Jaramillo

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