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Posts Tagged ‘Poemas’

Deben ser así los dominios de la muerte
como esta casa abandonada, fuera de la ciudad,
y como en ella debe crecer la niebla
húmeda y oscura junto al jardín
en ruinas, y una noche sin tiempo
ir dejando su moho de lepra
en las paredes. Oler a polvo y hojas
corrompidas, a excrementos humanos
entre la tierra negra cuando abre el portón
y empiece el cuerpo a caminar su frío,
y la humedad a hozar sobre la carne
y a convertirla en sombra. Sólo sombras
debe haber, iguales a la vida, en los dominios
de la muerte, sombras o nada, ni conciencia
ni tiempo, presencia dura de la tierra
que a todo ser y a toda muerte sobrevive.
Y debe estar el cielo tan negro como ahora
y desierto ir el aire por las sórdidas nubes
que ensucian las estrellas…

Diego Doncel (Malpartida de Cáceres)

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No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma

no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios

no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana

y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti

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Los formales y el frío

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella,
pero sus palabras, las de él,
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frío estaba en sus labios ,los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

Mario Benedetti

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En memoria de Ángel Nieto

Una moto corre sola en la noche
llena de rabia y tristeza
trazando las curvas con pericia
y enfilando las rectas a gran velocidad.

Ella huele a gasolina y a circuitos,
a gloria y laureles de podio,
y a un piloto listo que disfrutaba las victorias
mostrando una amplia sonrisa.

Algunos creen que es un Ángel que pasa,
otros, que es una estrella fugaz,
pero es sólo una moto recordando a su dueño,
una persona llana y sencilla
con unas ganas locas de agradar.

Una moto corre sola en la noche,
después de tantos triunfos logrados
y una despedida imprevista,
pero enseguida se ha dado cuenta
de que lleva a rebufo
un montón de amigos detrás.

José Sánchez Rincón

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Una mota de luz

Una mota de luz cruzó una noche por el oeste. La vi pasar lejos.
En ese instante comprendí que la distancia entre el corazón
de una nube y la tierra está marcada por un compás de aire
y un transportador de olvidos.
Supe que la tierra, bajo mis pies, puede hacerse más y más redonda,
más y más pequeña.
Pasó el tren como una luciérnaga entre los árboles de cal y los sepulcros.
En la región infranqueable donde los niños tienen la boca sucia,
las vías de los trenes son de cuerda, las venas son de hierro.
En la región infranqueable hay un paisaje helado de cerezos cada
primavera, cada otoño hay un paisaje de almendras, otro de
retama blanca, hay una farola triste en cada estación triste, y
un túnel, solo un túnel.
A la salida de ese túnel brillan las esquinas lánguidas de las casas.
A la salida de ese túnel, agonizan los meandros.
¿A dónde irán los regatos de la infancia y el poleo?
¿A dónde los silbidos de los trenes sin luz?
¿A dónde la conciencia hollín- de las gorras de plato y la cantina?
¿A dónde irán las agujas de los viejos pajares?
La vi pasar a lo lejos. Una noche cruzó una mota de luz, una
esperanza, por el oeste.

Javier Pérez Walias

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La dulce boca que a gustar convida
Un humor entre perlas distilado,
Y a no invidiar aquel licor sagrado
Que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

Amantes, no toquéis, si queréis vida;
Porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
Cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas que a la Aurora
Diréis que, aljofaradas y olorosas
Se le cayeron del purpúreo seno;

Manzanas son de Tántalo, y no rosas,
Que pronto huyen del que incitan hora
Y sólo del Amor queda el veneno.

Luis de Góngora

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De pequeño había
un chico más alto que yo
que era mi mejor amigo.

Un día escuché decirle a otro
que su mejor amigo estaba de viaje.
Entonces me fui de viaje.

Aunque no he vuelto a verle,
sé que sigue siendo el más alto
porque yo no he crecido.

Después quise mucho a una chica
sólo un poco más bajita, no se notaba casi,
cuando iba con tacones era incómodo abrazarla,
pero entonces me agarraba de la mano.

A veces permitía que la besase un poco,
salvo al día siguiente de no poder quedar
conmigo porque “no le apetecía”,
ese era su argumento.

Pero me enteré de que esas veces se subía
desnuda sobre el cuerpo
de alguien que tenía casa propia
y una buena colección de discos.

Dejé de escuchar música y luego de besarla y luego de salir a la calle.

Ahora llevo meses diseñando una balanza
con tres brazos o más.

Una cinta métrica
que se extienda en todas direcciones.

Fernando Pérez Fernández

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