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El astillero

El astillero en construcción, las vigas y las columnas, las escaleras en zig-zag, las grúas en movimiento, los obreros en el aire, encaramados a máquinas que no descansan más que para alimentarse con el combustible o el lubricante. Edificios que no son acogedores ni habitables y sólo sirven para producir otras máquinas sofisticadas.

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Los juegos de perspectiva. La escalera inclinada por donde suben las piernas de una persona con el cuerpo oculto entre los distintos planos y dimensiones, techos y fachadas, formas y vanos, delante y detrás. ¿Adónde va el hombre?, perdido entre las complicaciones de su propia cabeza.

Nueva York

Nueva York es una cuadrícula perfecta: calles, avenidas, solares, manzanas. A vista de pájaro, impresiona su tamaño. Es imposible saber qué se cuece ahí abajo, entre las sombras, pero todos creemos conocer la vida del mundanal ruido, de las relaciones humanas, de lo que sucede entre las paredes de los pisos y de los locales de espectáculos. La gran ciudad es la protagonista y los rascacielos sus estrellas de cartón piedra.

La construcción del Empire State Building. Los ingenieros tomando medidas en sus teodolitos. Les circundan otros edificios altos. Líneas y puntos, ventanas y muros en la lejanía. Nueva York es un panel de rica miel para los hombres; la capital del mundo, la ciudad de los sueños. Hormigón, hierro, aluminio y cristal, arte y arquitectura. El sol que baña las paredes del coloso no puede con las sombras de la calle, la de Los viejos edificios de ventanas grandes. Y Muñoz Molina, al acecho, para ofrecernos, en forma de libro, un gran poema de la gran manzana y de los hombres, de sus ilusiones y tristezas.

Formas y espacios

La gárgola del rascacielos como un águila metálica oteando los tejados de Nueva York desde su nido en el gran cañón de edificios. Sobre ella, la fotógrafo que inmortaliza la ciudad, con la boina calada y el cuidado que precisan las alturas para no despeñarse como una montañera de la modernidad.

El viento

El viento remueve las pajas que ventean los campesinos en su lucha contra la escasez y el hambre. Contentos de posar, sudorosos, entregando hasta el último soplo de energía por sus semejantes.

Los arrozales

En los arrozales se sigue sembrando y recogiendo la cosecha con métodos rudimentarios, ancestrales, valiéndose de búfalos. Los campesinos van descalzos y llevan grandes gorros para protegerse de la lluvia. Al fondo, las pequeñas montañas y los árboles torcidos por el viento. El teatro del mundo sigue deparando excelentes decorados para la propaganda del Estado y su dramática realidad.