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Las mujeres vestidas de negro, el luto existencial de la posguerra. Ellas baten el trigo después de haber separado el grano de la paja. Una lo levanta en el aire; las otras dos, más jóvenes, se lo acercan con escobas. El sol, las caras bronceadas, la necesidad. El autoabastecimiento salvador de las zonas rurales en las épocas del hambre.

Los dos mineros adolescentes acaban de salir del pozo con manchas de carbón en la cara. Ellos son fuertes y, aunque muestran síntomas de cansancio, se sienten orgullosos de su trabajo. La explotación infantil está a punto de desaparecer gracias a los movimientos sociales en Francia. Ha habido huelga general en la fábrica. La sentada de los obreros con el puño en alto, satisfechos de haber conseguido la jornada laboral de cuarenta horas y las vacaciones retribuidas.

La mujer afgana y su burka. ¿Quién se esconde tras el velo negro? En sus brazos retoza una niña de ojos vivos que no sabe todavía lo que le espera y mira a su madre complacida. De momento, la niña recibe la sonrisa y las atenciones con las que soñará cuando crezca.

Cómo no saber que los objetos personales que reposan encima del arcón, junto a la litera, pertenecen a una mujer. Las fotografías, los libros, el frasco de colonia, el muñeco de peluche y, sobre todo, el orden de la habitación de esta militar: la cama bien hecha, la colcha estirada, el banderín de adorno y la fotografía de la familia colgada en la pared.

El trabajo se multiplica, las jornadas se alargan por la noche dentro del campamento. La enfermera se asoma a la tienda de campaña y se lleva las manos a la cabeza por tantas heridas que llevan a la muerte. Ella se pregunta si merece la pena tanto sufrimiento, si la vida tiene sus límites y el trabajo, también.

La mano del hombre en la frente, con pesadumbre, aunque no debiera lamentarse por ello. Lo único que les quedaba de valor, el coche, lo han tenido que vender para alimentarse. Ya no podrán seguir el camino hacia la esperanza. Deben quedarse en este lugar por un tiempo hasta encontrar algún trabajo y obtener algo de dinero para continuar el viaje.

Los amantes enlazados, ausentes a todo lo que les rodea y entregados a la pasión. Los cuerpos moviéndose entre la ropa interior y las caricias, cogidos tan por sorpresa, apresados por el placer, que no han tenido tiempo de defender su intimidad.