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Creo que hace mucho tiempo que sé que la vida se me ha acabado, pero no me di cuenta ni lo reconocí hasta que murió mi hermano. Sí, aunque él yace en el centro de un pequeño bosque en Francia y yo sigo andando erguida y sintiendo el sol y el viento del mar, estoy tan muerta como él. Ni el presente ni el futuro significan nada para mí. He dejado de sentir “curiosidad” por la gente; no deseo ir a ningún lugar; y el único valor posible que cualquier cosa puede tener para mí es el que me recuerde a algo que ocurrió o tuvo lugar cuando él estaba vivo.
Katherine Mansfield (Diarios)

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Esta mujer se dedicaba en cuerpo y alma a la literatura. Ella es conocida por sus magníficos cuentos, pero es aconsejable también la lectura de su Diario, pues nos muestra su forma de concebir historias, sus pensamientos, sus temores, sus logros, sus achaques, su talento para captar lo mejor de la vida y esa maravillosa sensibilidad para describir los detalles.
Cuando leí sus cuentos, éstos me parecían estar en la misma onda que los de Virginia Woolf. Es encomiable esa pasión que transmiten estas autoras y ese saber reflejar lo poético que hay en el mundo. A lo mejor, esa es la clave, el sello de calidad de una literatura.

Esta novela de Daniel Woodrell, entre el realismo sucio y el oscurantismo de la América profunda, es una pequeña joya literaria. Si una obra debe trascender su aparente simplicidad, creo que ésta lo consigue y no sólo habla de las miserias que afectan a los personajes, sino también a algo más profundo que nos atañe a todos.

Esta novela de Daniel Woodrell, entre el realismo sucio y el oscurantismo de la América profunda, es una pequeña joya literaria. Si una obra debe trascender su aparente simplicidad, creo que ésta lo consigue y no sólo habla de las miserias que afectan a los personajes, sino también a algo más profundo que nos atañe a todos.

Asturias

Paisaje de casas de colores, dibujo naïff de un pueblo a orillas del mar Cantábrico al abrigo de los temporales y las galernas. Cudillero, verde entre los tejados, verde en las ventanas y los patios, y el azul del cielo surcado por las gaviotas. Mujer que va a despedir al marinero que sale a faenar de noche y le pregunta si lleva la colchoneta: cuidados insustituibles de una mujer. Conjunto de casas arracimadas sobre la bahía, calles estrechas por donde no caben los paraguas abiertos. Nosotros, que veníamos del calor achicharrante de los cuarenta grados, atravesamos el túnel del Negrón y salimos a unas nieblas y temperaturas otoñales muy agradables. Los peces se arremolinan alrededor del desagüe en el puerto sin percatarse de que ese alimento que tanto les gusta no es más que desperdicio y basura. Hemos subido al mirador desde donde se divisa la costa, el mar en su grandeza y el circo de casas pintadas. No se ven más aves que las gaviotas; ¿será que expulsan de sus dominios a las otras? Sus chirridos reiterados nos despiertan por la noche. Salitre y humedad ambiente. Turistas en la plaza del pueblo comiendo pescados y bebiendo sidra. Días de paraguas. En cuanto sale el sol, la gente se va a la playa. Una playa, incluso abarrotada de gente, es un lugar primario del Universo, una abertura a un mundo perdido, el descubrimiento de un planeta lejano. Dibujo sobre la arena una danza con las paletas y la pelota, con el libro y la sombrilla, con las olas y mis hijos. Hay una señora amable que nos cuenta historias de su pueblo; que debemos visitar Covadonga y Luarca, que gracias a la Virgen encontró marido y que tengamos cuidado con el oleaje y las rocas. Una mujer atractiva se mete en el mar con su melena rubia exuberante. Al salir, el agua le ha mojado el cabello y ha diluido su encanto como a una Sansona de la belleza.
Para despedirnos, llueve con parsimonia cuando salimos de Cudillero; un pañuelo húmedo de tristeza que no podemos traernos a nuestra tierra.

Fascinación

Cada mujer que pasa a mi lado tiene algo maravilloso que me posee y me hace vulnerable. Una de las profesiones llevadas a cabo por las mujeres que más me sorprende es la de dentista. El contacto de sus manos hurgando en mi boca, masajeando las encías, recomponiendo la dentadura…, me parece un acto de intimidad física que se acrecienta por el cuidado al realizar su trabajo con delicada perfección. Esta vez, el prodigio de la dentista venía acompañado de una manera particular de decir las cosas, un deje candoroso y afable parecido al de las actrices de doblaje en el cine. Me encantaba oírla, pensaba que debería pedirle su teléfono para que me contase durante horas lo que ella quisiera. Una de las tardes que aguardábamos en la sala de espera, Rubén se fijó en uno de los diplomas colgados en la pared. “Mira, la doctora se llama Mª de las Nieves, es la primera vez que leo ese nombre. Suena tan bien y es tan bonito como si se llamara Mª de los Mares del Sur”, me dijo.
A la tercera cita, yo ya estaba entusiasmado con el habla de aquella mujer. Dejé que tratasen a Rubén primero y cuando me tocó el turno, la doctora me preguntó si quería que me hiciese lo mismo que a él. Yo acepté creyendo que la limpieza bucal era una deferencia hacia los clientes. Incluso pensé traer a mis otros hijos a la revisión anual. La dentista de voz encantadora me cobró los empastes y media hora más tarde, ya en casa, recibí su llamada informándome de que debía abonar la limpieza bucal al no tener yo el mismo seguro médico que mi hijo. Pagué porque el trabajo había sido hecho, pero también le hice saber que me lo debería haber advertido antes. Así suele acabar mi fascinación por las mujeres.

Nostalgia del soldado

Arneses arrumbados debajo de una escalera donde los soldados solían dormir sobre un banco en el puesto de guardia de un cuartel en Ceuta. Un perro esperaba en la puerta y era echado con violencia por el cabo en una tarde del mes de septiembre de 1981, poco antes de que los muchachos salieran de la escuela a dar patadas a un balón. Latas de todo tipo en el escaparate de una tienda de ultramarinos: mantequilla de Holanda, tabaco danés, salmón ahumado, whisky escocés, productos de importación… Calles desconocidas llenas de gente, calles por donde transitaba un soldado que hacía todo lo posible por sobrevivir a la nostalgia.