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La parada del autobús concurrida de gente en un gran andén al aire libre al acabar la guerra, delante de un edificio hueco, todo ventanas y paredes exteriores horadadas por las bombas, como señal de un mundo nuevo por construir al que todos quieren apuntarse.

El guardián de las SS aterrado ante la cámara, con el rostro deforme y lleno de sangre al haber sido descubierto por aquellos a los que torturó. Se han cambiado los papeles y sabe lo que le espera, aunque aguanta los golpes y pone cara de pena porque alberga la esperanza de que las antiguas víctimas no sean tan crueles como él.

Francotiradores

Francotiradores desde los edificios colindantes a una plaza. El terror de la gente aplastada contra el suelo o huyendo de forma enloquecida, con la euforia de la liberación y el fin de la guerra cortados de repente por aquellos que se resisten a que la vida continúe.

La mujer con la cabeza rapada y el niño en brazos, obligados a caminar entre los insultos de los vecinos por colaborar con el enemigo. ¿Por qué no obligaron al enemigo a marcharse? ¿Por qué no dejan en paz a una mujer indefensa, incapaz de comprender su pecado? Ella entregó su cuerpo bajo amenazas, mientras los demás se escondían en sus madrigueras y, ahora, esos cobardes salen de sus escondrijos, cuando ya no hay peligro, a fustigar a esa desdichada que se comportó igual que los demás, para que pague por todos ellos.

El suicidio culpable para librarse de las represalias por los excesos cometidos. La joven enfermera rubia tendida con gesto delicado sobre el sofá. Cuántos daños colaterales salpicando todos los rincones de una guerra. Algunos piensan que de esta pesadilla es mejor no despertar.

El Reichstag

El Reichstag de Berlín es un fantasma al que apenas sostienen sus paredes acribilladas de proyectiles y metralla. El esplendor de un régimen y sus ruinas; el esqueleto descarnado de un imperio y su desmoronamiento. A escombros han quedado reducidos el sueño totalitario y la ambición del dictador. Su único logro, el de millones de muertos y su sufrimiento.

Una moto corre sola en la noche
llena de rabia y tristeza
trazando las curvas con pericia
y enfilando las rectas a gran velocidad.

Ella huele a gasolina y a circuitos,
a gloria y laureles de podio,
y a un piloto listo que disfrutaba las victorias
mostrando una amplia sonrisa.

Algunos creen que es un Ángel que pasa,
otros, que es una estrella fugaz,
pero es sólo una moto recordando a su dueño,
una persona llana y sencilla
con unas ganas locas de agradar.

Una moto corre sola en la noche,
después de tantos triunfos logrados
y una despedida imprevista,
pero enseguida se ha dado cuenta
de que lleva a rebufo
un montón de amigos detrás.

José Sánchez Rincón