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La Guerra Civil

El júbilo de la guerra en los primeros momentos, cuando acaba de declararse. Las mujeres, diosas ante los hombres, muestran su esplendor y su apoyo moral y físico. Los hombres, rendidos a las mujeres y con un arma en las manos, son inconscientes todavía del riesgo de morir y el de matar.

La cuerda de niños cruzando la calle entre los coches hacia el refugio de unos soportales. El tráfico está detenido y cada uno de los escolares va cogido a la ropa del que tiene delante. Unos ríen, otros tratan de zafarse. Las maestras procuran mantener el orden en este lugar tan peligroso de la gran ciudad y los conductores se muestran inquietos e impacientes. Un cordón de felicidad pasa a lo largo de la calle.

El Sargento Mayor, con traje de gala, ensaya sus pasos estudiados y excesivos para el desfile de tambores. Un grupo de niños le sigue imitando sus movimientos y gestos, con espontaneidad y gozo, divertidos, como si ellos también formaran parte del espectáculo.

Las caras de los niños viendo una representación de San Jorge y el Dragón. Las mil caras de la inocencia: desde la valentía al miedo, desde la euforia a la calma, desde el arrobo a la indiferencia. Se muestra en cada rostro la personalidad de cada uno de ellos y una niña, en primer plano, grita aterrorizada.

La escuela y sus anécdotas. Los chicos resolviendo un problema de matemáticas. Unos niños atendiendo al profesor; otros, buscando la inspiración en el techo; otros, atendiendo a la explicación del que ha salido a la pizarra, y la mayoría, sin encontrarla en ningún sitio e indagando con la mirada en el papel del compañero que tiene al lado.

Los niños juegan en medio de la calle, cuando todavía se puede hacer dentro de la calzada porque no suelen pasar muchos coches, mientras son observados en sus acrobacias y equilibrios por los vecinos, espectadores privilegiados de un circo espontáneo, sugerente y llamativo.

El niño introduce su brazo en el agua buscando un cangrejo, un pececillo, una piedra especial o algo que se le ha caído. Él se encuentra en la orilla de un lago, al cobijo de unos peñascos, libre y juguetón, explorador de ese tiempo perdido que todos quisiéramos recuperar.