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El Reichstag de Berlín es un fantasma al que apenas sostienen sus paredes acribilladas de proyectiles y metralla. El esplendor de un régimen y sus ruinas; el esqueleto descarnado de un imperio y su desmoronamiento. A escombros han quedado reducidos el sueño totalitario y la ambición del dictador. El único monumento visible es el de los millones de muertos y su sufrimiento.

La devastación

La devastación en el interior de los edificios públicos abandonados en la apresurada huida de los perdedores. Cascotes, muebles y cristales rotos, líquidos derramados en el suelo, aparatos eléctricos destripados. Y, en la calle, la desolación de los muertos y la victoria de quienes caminan con la mirada ausente.

La bala perdida

La bala perdida en el último momento de la guerra, cuando la victoria está cerca y el enemigo se bate en retirada. Por un descuido del soldado, por asomarse a la terraza más expuesta de la casa en el instante más inoportuno.

El estampido de las bombas y sus pequeños cráteres en erupción. Los arbustos quemados son los restos que provocan las explosiones. El polvo y el humo lo cubren todo y los hombres de la patrulla se refugian tras las rocas.

La batalla ha sido larga y cruenta. Se ha desarrollado de forma incierta y su desenlace podría haber sido de signo contrario. No hay apenas descanso. La sed, la suciedad, el cansancio acompañan al miedo. Unas horas para saborear la victoria y la alegría por haber sobrevivido, y a seguir batallando.

El escritor estadounidense William Saroyan (Fresno, California, 1908-81), hijo de un inmigrante armenio, quedó huérfano a temprana edad y tuvo que ponerse a trabajar en diversos oficios. Su pertenencia a una clase social baja y el desarraigo marcaron su obra, que fue muy valorada durante los años de la Gran Depresión. Saroyan recibió el Premio Pulitzer en 1940 por la obra de teatro El momento de tu vida, el cual rechazó debido a principios morales. Otros de los libros importantes dentro de su carrera fueron Mi nombre es Aram (1940), formado por varias narraciones que inciden en la línea de recreación autobiográfica, y, sobre todo, la novela La comedia humana (1943), conmovedor relato antibelicista sobre el júbilo y el dolor en tiempos de guerra, expresado a través de las reacciones de la gente cuando el protagonista, ayudante de la oficina de telégrafos, entregaba a sus destinatarios telegramas de esperanza o de muerte. Esta obra fue llevada al cine y los 60.000 dólares que él obtuvo por su adaptación los repartió entre familiares y amigos.
El joven audaz sobe el platillo volante (1934) posee la frescura de la primera obra y una alegría y optimismo existencial trufados de momentos con un gran sentido del humor. Sus relatos son sencillos y extraídos de la vida cotidiana y se leen como si conformaran una misma historia. Destacan dentro del libro los cuentos Sesenta mil asirios; Hombre; Amor, muerte, sacrificio, etcétera, y Un día de frío, cuento este último donde Saroyan hace una declaración de amor a los libros y muestra con naturalidad su forma de pensar hacia la escritura, donde, a veces, las cosas funcionan desde puntos de vista contrapuestos. Si bien la composición de la obra no es homogénea del todo, ya que él está empezando e investiga diferentes maneras de expresarse, son muchos los autores del siglo XX, entre ellos García Márquez, que declararon su admiración por este libro y por el estilo franco y de gran fuerza vital de Saroyan.

José Sánchez Rincón

El bebé recogido bajo una roca por un marine que lo cuida y lo protege. Seres humanos iguales y diferentes. ¿Por qué se respeta a los hijos y se mata a los padres? El pacifismo del fotógrafo al enseñarnos la ternura del soldado. Ese acto de amor redime al hombre de lo que otros hombres y las circunstancias le obligan a cometer.